Industrias Creativas y Culturales (ICC): Valen más que el oro y el petróleo

Por Catherine Lanseros

Las Industrias Creativas y Culturales  (ICC) emplean a cerca de 30 millones de personas en todo el planeta, lo que equivale al 1% de la PEA en el mundo, superando por casi 5 millones a la industria automovilística. Mueven 2,25 billones de dólares al año, lo que representa el 3% del Producto Bruto Interno (PBI) a nivel global. Además, la creatividad se ha convertido en un recurso imprescindible para el desarrollo de las nuevas tecnologías en el mundo. 

Considerando los enormes valores que la creatividad viene aportando a la economía mundial, ha llegado el momento de dejar de verla como un concepto ligado principalmente a las actividades de creación artística, para adoptarla en toda su potencialidad; como una inagotable fuente de riqueza que debemos aprovechar al máximo, por su gran capacidad para reducir las enormes brechas de desigualdad en nuestro país.

Qué son 

Según la UNESCO, las Industrias Creativas y Culturales (ICC) son los “sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difusión y/o la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial”.  Es decir, toda actividad creativa que pueda ser reproducida industrialmente. 

El informe “Tiempos de cultura: el primer mapa mundial de las industrias culturales y creativas” realizado por la UNESCO, la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC) y la consultora EY, determinó que los ingresos generados por esta industria superaban a los obtenidos por los servicios de telecomunicaciones en todo el mundo. Según este estudio, el sector que mayores ingresos genera es la televisión, con US$ 477.000 millones, seguidos por las artes visuales, con US$ 391.000 millones; los  periódicos y revistas con US$ 354.000 millones; la publicidad, con US$ 285.000 millones; la arquitectura, con US$ 222.00 millones, y finalmente los libros, con US$ 143.000 millones.

Además, el encuentro entre la creatividad y la tecnología está generando nuevas fuentes de riqueza. Según un reciente estudio de SuperData, en el año 2017, sólo los videojuegos -un negocio que no para de crecer- generaron US$ 108.000 millones en el mundo.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por su parte, ha llamado a las ICC la “economía naranja”, definiéndolas como “el conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales. Es aquel sector de la economía que tiene el talento y la creatividad como insumos principales”.Además, este organismo multilateral considera a la “economía naranja” como una industria que contribuye decididamente “a generar riqueza y valor, originar empleos, y a crear un impacto social”. 

ICC en Perú  

Si de algo podemos sentirnos orgullosos en el Perú, es del gran talento creativo de nuestra gente. Desde nuestro extraordinario legado arqueológico, hasta el boom que ha significado en el mundo la internacionalización de la cocina peruana. Así que, como en otros casos, materia prima tenemos. Lo que nos falta es darle a esa creatividad los recursos necesarios para fomentar un verdadero crecimiento de las Industrias Creativas y Culturales (ICC) que destacan entre otras por su carácter inclusivo e integrador. 

El informe “Economía Creativa en América Latina y el Caribe: mediciones y desafíos”, publicado en agosto de este año por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hace un recuento sobre la contribución de las ICC a la economía peruana. Según cifras del año 2015, difundidas por el Ministerio de Cultura, su contribución al PBI fue de 1,58%. Esta contribución “es significativa si se la compara con otras industrias importantes, como por ejemplo la industria de madera y muebles (0,9%), las actividades del sector de la pesca y acuicultura (0,7%), las actividades de electricidad, gas y agua (1,7%)”, explica el informe.

Según informó en agosto último la Cámara de Comercio de Lima, en el país existen 46 mil empresas dedicadas a las ICC, con un crecimiento promedio anual de 5.3% y que en los diez últimos años y generando más de 625 mil puestos de trabajo. El más grande crecimiento corresponde, justamente a la última década, con 16,901 empresas. Lima concentra 70.5% del total, seguida de Arequipa con 5.7%, y La Libertad, con 3.4%. La mayor cantidad de empresas creadas en los últimos años corresponden a los sectores de telecomunicaciones y publicidad. 

Aunque se observa un constante ritmo de crecimiento, su desarrollo aún sigue siendo bajo teniendo en cuenta el potencial creativo de los peruanos, o si se le compara con el aporte al PBI de las ICC de otros países de América Latina. 

¿Y cómo van los otros?

Entre los países vecinos destaca el caso colombiano: según la Cámara de Comercio de Bogotá, las ICC contribuyen al PBI de su país en un 3,3%, cifra que probablemente crecerá, ya que su nuevo presidente, Iván Duque, fue jefe de la división de asuntos culturales, creatividad y solidaridad del BID, que promovía, justamente, la ‘economía naranja’ o industria cultural. De hecho, en su discurso de posesión, hace algunos meses, se comprometió a hacerlo: “además de las manufacturas, produzcamos “mentefacturas” y reducir la dependencia en las materias primas, agregando valor y posicionando nuestras marcas, diseños y sellos de calidad”.

La ventaja que nos saca Colombia nos estalló en la cara hace poco, cuando supimos que Promperú contrató con una casa disquera la producción de un video del destacado cantante colombiano, Carlos Vives, para difundir en el mundo los encantos que ofrece la ciudad de Lima. 

Chile, por su parte, también está apostando con todo por las ICC, como generador de crecimiento y riqueza. El Ministerio de Economía chileno, junto con el Ministerio de las Culturas acaban de publicar la “Guía de formalización para el emprendedor creativo”, con el objetivo de fomentar el emprendimiento y formalizar iniciativas de economía creativa. Una magnífica señal del interés del gobierno de Sebastián Piñera por promover el desarrollo de bienes y servicios culturales, artísticos y creativos. Esta guía es un instrumento bastante completo, que va desde la definición de lo que son las ICC, hasta los conceptos relacionados con la formalización de los emprendimientos. “Tu creación en cultura también es innovación”, dice el documento.

Las ICC en la era digital 

La digitalización ha transformado el mundo por completo impactando en todas las áreas productivas, y la creatividad y la cultura no han sido la excepción.  

Como destaca el Banco Interamericano de de Desarrollo (BID) en su informe “Emprender un futuro naranja: 15 preguntas para entender mejor a los creativos de América Latina y el Caribe”, las ciudades más competitivas del mundo entienden el gran valor económico de las industrias creativas, y esto se ve reflejado en sus índices de productividad y crecimiento. De los 4 millones de habitantes de Los Ángeles, California, cerca de 800 mil trabajan en alguna rama de la economía creativa incluyendo Hollywood, la meca del cine mundial. Esto significa 190.000 millones de dólares y equivale al 13,7% del PBI de la región. También en California, al sur de San Francisco, con una población no mayor a los 3 millones de habitantes, Silicon Valley ha creado más riqueza que cualquier otro sitio en la historia económica del mundo. “Hoy, la enorme riqueza de Silicon Valley no proviene de las fábricas ni de las minas, sino de un recurso más valioso que el oro o el petróleo: la creatividad de sus emprendedores, diseñadores e ingenieros”, señala el informe del BID. 

Para confirmarlo, sólo basta ver el ranking de las empresas más valiosas del mundo elaborado por S&P en 2017: Lo lidera Apple Inc., una corporación que ha causado furor en el mundo no sólo por su calidad tecnológica, sino también por su creatividad en la concepción de sus productos y el cuidado en el diseño. El segundo lugar es ocupado por Alphabet Inc., de Google, y el tercero por Microsoft Corp. Recién en el noveno lugar aparece una petrolera, la Exxon Mobil Corp.  

En Perú, arrastrando la carreta 

El Instituto Tecnológico de la Producción (ITP) que depende del ministerio de la Producción (PRODUCE) ha anunciado que están trabajando en la creación de dos nuevos CITEs; de industrias creativas y culturales y los CITE digitales. Sería una extraordinaria noticia si los llegaran a concretar antes de fin de año como han anunciado, y más aún si los implementan correctamente. Pero también preocupa la duplicidad de funciones y la falta de transversalidad en la gestión pública, pues el Ministerio de Cultura cuenta con un viceministerio de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales del que, a su vez depende la Dirección General de Industrias Culturales y Artes (DGIA). Lo triste -y preocupante- es que esta última sigue “promoviendo” las Industrias culturales únicamente como muestras físicas o ferias tradicionales, sin ningún enfoque digital. La diferencia es que las muestras o manifestaciones artísticas tradicionales pueden llegar a cientos o miles, y la digitalización las puede hacer llegar a millones.  

Recientemente, en un foro sobre evidencia cultural en las ICC al que revista Culto asistió, preguntado sobre cómo estaba promoviendo el Ministerio de Cultura peruano la digitalización de las ICC, un funcionario de la DGIA respondió que estaban “pensando” hacer un mapeo de videojuegos producidos en Perú o desarrollados en base a evidencias de la cultura peruana ¡Pensando! Cuán lejos estamos de atraer y promover talentos que puedan contribuir realmente al desarrollo de una industria basada en la creatividad y el talento. 

Por dónde empezar

Recientemente, en la semana de la Innovación organizada por Concytec, Jaime del Castillo de INFYDE, una consultora española especialista en políticas de competitividad y fomento productivo, señaló que para generar empresas que crezcan y no sean solo de subsistencia -como ocurre con la mayoría de empresas en Perú- hay que generar entornos favorables a la innovación y diversificación, a través de tres vías de intervención pública: 1) Llevar a cabo los cambios regulatorios e institucionales necesarios para la competitividad e innovación (educación, investigación, infraestructuras); 2) Ofrecer ayudas y posibilidades de apoyo (subvenciones, préstamos), y  3) Promover cambios de comportamiento para generar una cultura innovadora. Aunque probablemente algo hemos avanzado en las dos primeras vías para otros campos productivos, en lo que se refiere a ICC estamos en la primera revolución industrial, mientras que muchos otros países del mundo, incluyendo varios Latinoamericanos, ya están metidos con todo en la cuarta. 

El gobierno peruano tiene el deber de potenciar y aprovechar al máximo el talento creativo y la capacidad de nuestros emprendedores, para facilitar su inserción en la economía global de las ICC, pero no lo logrará si lo sigue viendo como la obligación de una subdivisión de un ministerio o un organismo dependiente de un viceministerio; debe asumirlo como una prioridad en las políticas de Estado, algo en lo que países como Colombia y Chile ya nos sacaron considerable ventaja. 

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