Manual para crear un innovador

Por Catherine Lanseros |

Entrevista a Jorge Gavidia |

Cuando era niño, allá por los 70’, asistió a su padre en la invención de un sistema para que los fluorescentes operaran con baterías, y que fue usado durante años por las decenas de kioskos que entonces alegraban las noches de la Costa Verde. Ya de grande ha sido testigo de cómo su hermano, que nunca acabó la universidad, logró levantar una compañía que fabrica su propia marca de teléfonos celulares. Y claro, el mismo Jorge, biólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, ha desarrollado notables innovaciones como el Agrum Soft, que conoceremos en esta edición de CULTO.

¿Podríamos decir, entonces, que la innovación corre por las venas de la familia Gaviria? ¿Es acaso cuestión de sangre? En esta entrevista desenredamos la respuesta.

¿Los innovadores nacen o se hacen?

La innovación es el resultado de un pensamiento divergente, el innovador no decide serlo, nace, es la naturaleza del hombre divergente que piensa distinto en el aula, que tiene otras prioridades. Sin embargo la innovación debe ser estimulada desde la formación de los niños, dejándolos crear con libertad. Yo tuve ese estímulo desde chico estudié en un colegio experimental, donde nos agrupaban a los alumnos según nuestro signo zodiacal, que asociaban a la forma de pensar y ver el mundo. Y el segundo factor es que pasé mi infancia en el taller de electrónica de mi padre, adonde iba todas las tardes a armar y desarmar aparatos.

Los países líderes en innovación son también líderes en educación. ¿Qué esperar en un país como el nuestro, donde las universidades no figuran ni siquiera entre las mejores 500…?

¿…estaríamos condenados a no innovar? ¡No! Porque la educación es formativa, te da
conocimientos y herramientas, pero la libertad de crear la tiene un niño de Finlandia como un niño de Puno, incluso con problemas nutricionales. Una cosa es el aprendizaje y otra la divergencia en la forma de pensar. Inclusive, a veces cuanto menos has leído, más creativo eres. Algunos escritores notables confiesan haber leído poco, pero su propia vida, lo que han vivido, los ha llevado a escribir…

Uno de los problemas más graves con la educación acá es que los niños son evaluados por el conocimiento que tienen y no por lo creativos que son. Ahora están haciendo cambios en la educación, cada vez la evaluación es menos conceptual. De hecho, años después de dejar el colegio o la universidad, muchos vemos que los primeros de la clase no terminan siendo, necesariamente, los más exitosos. Es que antes, el “estudiante bueno” era quien aprendía todo de memoria, pero eso ya no se valora porque no se necesita; entre estos dos teléfonos sumó más de dos Gigas de memoria. En Perú
tendemos a adoptar políticas sobre innovación copiadas de países que tienen una realidad distinta, por eso no funcionan bien. Si liberamos el pensamiento de los jóvenes nos irá mucho mejor. Al no estar sujetos al sistema, los jóvenes pueden preguntarse casi todo, por eso son quienes dominan el diseño y la creatividad, y los viejos la factibilidad.

El peruano es muy creativo, ¿también es innovador?

Creatividad es algo que puede ser inusual, único, pero no necesariamente utilitario y que genere ingresos; es decir, que genere un cambio económico importante. Mientras que la innovación es algo que entra al mercado, que compite con otros productos.

Entonces el peruano es creativo, más que innovador.

A la creatividad le faltaría el componente de la competitividad. Yo puedo tener una idea muy creativa pero no necesariamente innovadora. Pero si por ahí aparece una herramienta nueva de la tecnología, esa idea creativa se convierte en innovadora, porque se hace suficientemente competitiva como para entrar al mercado.

¿Y el reto se vuelve más complejo cuando hablamos de innovación sostenible?

Ya le pusiste una variable más, que ahora se exige. Cuando era niño hice un trabajo sobre el plástico, y entonces todo lo que se decía del plástico era maravilloso pues reemplazó otros materiales y se podía emplear para un sinfín de piezas… Pero ahora vemos los problemas de contaminación de los océanos que ha traído, además que cambia lo sabores ¡Queremos volver al vidrio! Y el otro tema es la inocuidad para el hombre; muchas cosas que en su momento fueron innovaciones, después resultaron nocivos. Todavía se piensa que las frecuencias de los teléfonos celulares pueden dañar la salud, y si se demuestra algún día, seguro los prohibirán. Pero en su momento fueron una innovación. Ahora, el enfoque de sostenibilidad busca que la innovación prevea eso.

¿En Perú se estimula debidamente la innovación? ¿Crees que como país llevamos a cabo
las acciones necesarias?

El estímulo es más importante que la inversión de dinero. Creo que acá se está generando una tendencia a vivir de los fondos de innovación, y quienes lo hacen no son innovadores porque viven del fondo; al innovador lo apalancas una vez y de ahí despega, vuela. Pero acá vemos que algunos “innovadores” viven de ganar fondos concursables ¡y mientras más proyectos ganan, más les creen! Eso puede pasar en la ciencia, pero no en la innovación. Creo que el gobierno confunde un poco las cosas porque las condiciones no se dan solo con dinero, el dinero es el complemento.
El gran estímulo son las condiciones endógenas del recurso humano… Por ejemplo, la libertad. Además, las bases para los proyectos de innovación demandan meritocracia, grados académicos… Hemos creído que con la ley 30220 de Educación habría un cambio radical, pero tiene el tremendo error de valorar más el doctorado, la maestría, los grados, los títulos y los diplomas, que la experiencia propia del pensamiento libre. Al pensamiento libre no le interesan títulos, ¡el innovador es casi un hippie!

¿Ocurre siempre que una buena idea encuentre una billetera que la ayude a realizarse?

No siempre, porque el espectro de empresarios que logran identificar la rentabilidad de un negocio innovador es pequeño. Hay que tener una cierta educación para identificar una posible innovación.. Y si el empresario fue formado en una educación rígida, no la ven. Para la mayoría, sostenibilidad es rentabilidad. Lo social y ambiental les parece bonito pero su interés es la plata; para ellos la responsabilidad social es solo hacer un proyecto, conseguir el ISO 28000 en Responsabilidad Social ¡y listo! Tengo un certificado y ya, un saludo a la bandera.

Por eso muchos megaproyectos con todas las certificaciones posibles terminan por frustrarse…

Claro, ahí el papel no vale nada, son sensaciones humanas. Si se aparecen con su certificación ambiental les dicen “olvídate, mira cómo han muertos mis peces, no te creo nada”.

¿Cómo hacer para que un innovador encuentre un empresario que financie su
proyecto?

Los científicos no solemos tener ese poder de persuasión. Por eso se habla de la
triada: el inventor y el inversionista conectados generalmente por un tercero, alguien que de alguna manera haya estado cerca de ambos lados, una especie de “traductor”. Hay que generar puntos de encuentro entre innovadores e inversionistas, ruedas de negocios etc. En Perú no hay eso.

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